Dejo en el desvan cada mirada.
Miradas difusas, tiernas, holgazanas,
asoman somnolientas, descalzas.
Las dejo en el olvido de las cosas
que pesan, que se llevan, que no caben,
ya retienen el rocío, se quiebran,
y en loca insensatez de la nostalgia
son río, sin espejo, sin amarra.
Las dejo en soledad, no se el tiempo,
quizá, en pupilas claras vean
sin necedad del azul que opaca;
encierro los recuerdos de mi mente
es ardua la tarea, no se marchan,
se atascan machacando en mi frente,
insisto, tan sólo hay lugar para el presente.
Dejo en el desván, cada migaja,
momentos de albedrío, de bonanza,
he de partir con escasa indumentaria...
un alma que no nota la distancia,
y un par de alas con miradas sabias...
© María del Carmen Menéndez García