Desierto
No tengas en cuenta mi indiferencia,
caminas a mi lado, y no te miro,
me cubres con tu manto de la lluvia,
no lo hagas..., es una caricia
que vierte el cielo sobre el alma.
No sientas mi reproche como ofensa
es que no apacigua ésta porfía
que confunde todo ufano sentimiento;
es éste ser humano en vano intento
de no trocar las noches por los días.
No tengas en cuenta, te lo ruego,
mi llanto con los brotes de alegría,
lo mustio, los colores, la apatía,
las palabras que van a la deriva,
las lágrimas en perlas convertidas.
Caminas a mi lado, y no te miro,
te dicen soledad, otros abrigo,
y noto cuando faltas a la cita,
pues veo, despejadas mis pupilas.
A veces me fastidias con tu amparo,
y otras me aferro a tus arcanos,
por eso, eres mi sombra, te rechazo,
y muero, en el silencio de tus brazos.
María del Carmen Menéndez García |