una rosa, una lágrima, y su vitamina
La rosa quedo sobre el teclado,
muy blanca, en apenados pétalos
conserva el perfume de tiempo...
no encuentra la música en ecos.
Ojea entre versos mal escritos,
tan sólo percibe entre sus manos
aquello que el afecto le ha bordado.
Con hilos de oro en su diagrama
la rosa tristemente dice..., nada...
se hunde en el desierto del olvido
bucea sus recuerdos más queridos
no haya resabios en vana búsqueda,
la rosa se marchita en madrugadas.
Las espinas atizan su existencia
reabren cada huella de esperanza,
las lágrimas, le pintan esmeraldas
en ajada mirada que la rosa cultiva.
Las notas una a una se entrelazan
conjugan los verbos exaltados,
la rosa se mece en el teclado,
y hálito de paz abraza a su esencia.
La rosa quieta, se eleva del teclado,
en esa su porfía por rozar un sueño,
sus pétalos perfume de ambrosía
le otorgan a su lágrima sereno vuelo.
Aguarda silenciosa, vorágine de rimas
le arropan, retoña la rosa, si tú estás...
María del Carmen Menéndez García
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