Pequeñeces, al fin
De volver el tiempo, al comienzo rosa,
donde se da forma, se modula la existencia,
quitaría exceso de ternura, de franqueza,
la humildad sería un tanto restringida,
la bondad no en despliegue,
de sumisa dejaría un casi nada.
Generosa con las formas
que perfuman en la vida
el paisaje del jardín,
por ser cuidadas.
Del Amor, y los amores
no, no cambiaría, es eterno,
es la entrega más sublime,
es esencia instalada en el alma.
Llenaría mis alforjas de sapiencia,
con alardes de carácter y soltura,
una pizca de dulzura en emociones,
y un escueto divagar en sensaciones.
Los valores, una especie en extinción,
si de ellos haces culto,
te tildan: has perdido la razón.
Como todo es imposible, una humorada,
es un breve coloquio con mi almohada.
Ya no hay cambios, ni posibles retrocesos,
seguiré ofreciendo cuanto soy
y, lo poco que poseo,
y lo más necio, empalagando espacios
con cálidos destellos...
María del Carmen Menéndez García
|