ÚLTIMO ACTO
Lentamente se vistió de nueva esperanza,
a su corazón descalzo, puso un toque de futuro,
casi imperceptible, para qué hacer alardes sin razón,
a su rostro de un suspiro los grises le quitó,
los tonos de carmín dieron un aspecto de luz
a su melancolía, a quién le importa,
los surcos que en él, le dibujó la vida,
sus manos...,miró sus manos,
cuanto tiempo hacía
que en ellas su estrella no dormía,
le colocó alas, no quería sentirlas estáticas, vacías;
y a punto de encarar un nuevo día vio su mirada
reflejada en un retrato impasible,
se dijo: un adorno mas en arcaico moblaje,
le hizo un guiño, le pareció una imagen del ayer
atesorada y tan lejana.
Sé detuvo a ahondar en sus pupilas,
recordó aquellos años azules,
cascabeles perdidos en el tiempo,
nada quedaba, ni nadie de aquellos tiempos
con quién comentar el misterio.
Una lágrima, diminuta, avergonzada,
se asomaba y deslizaba su contenida ternura,
su espacio interior en el cuál solía abstraerse
cuando todo era poco, por vehemente entrega.
Lentamente comenzó su rutina
con una sonrisa luminosa, vestida de felicidad,
y nadie advirtió que solo resistía...
Maricarmen Menéndez García
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