A MI MADRE, UN DÍA 18 DE UN 2009
Era alegría y un tic de tristeza al nombrar su tierra, mirada de mares, corazón de fresa, siempre generosa, humilde, coqueta, era el esfuerzo llegando a su meta, sus manos palomas acariciando la tierra y en nívea semilla un jardín de perlas, un jardín colmado de flores eternas, perfumes de esencia, era la esposa amante, integra, risueña, dispuesta al abrazo, a la tierna caricia que a su hombre espera, era la ternura, amor, cobijo, era desvivirse por el bien de sus hijos, su familia, su hogar, su mundo, luego fue la abuela compinche en la juerga, las nanas cantadas en la quietud serena, eran los besos, los te quiero, y cada detalle de su alma buena. Más no, no era, es hoy, si nunca se ha ido habita en mi alma desde bella estrella, rodeada de Amor junto al Nazareno en blanca Capilla de su amada aldea.
Maricarmen |